14/12/07

El volcán de David

Cuento : "25 de julio desastroso"

Habrá ya ocho años o más, por un 25 de julio, me fui con mis padres y hermano a cenar a Santiago a casa de unos amigos.

Cuando llegamos, yo como sabía que tenían una casita de juguete quería entrar a la casa corriendo. Toqué el timbre y me salió Luz (una mujer baja y delgada, con el pelo castaño y liso y con los ojos a juego; también castaños ) y me dijo:

- Ya habeis llegado, menos mal, porque la cena ya está.

Cuando me dijo eso yo me quería marchar porque solo quería jugar. Me eché a llorar. Todos estaban intentando calmarme:

-Toma esta muñeca.

-Te regalo este osito.

Me decían Sara y Rebeca (unas chicas que tenían 9 y 8 años, eran hermanas, pequeñas y delgadas, con el pelo negro y los ojos marrones).

Cuando terminé de cenar, le pregunté a mis padres si podía irme a jugar. Ellos me dijeron que no, que cuando terminásemos de cenar, podía irme. Todos terminaron, ya estaba a salvo, podía irme a jugar. De nuevo se lo volví a preguntar y esta vez por fin, me dijeron que sí.

Me fui a la caseta que tenían y Sara y Rebeca venían detrás de mí. A mí, como me gustaba todo y esta vez no me lo dieron, pensé : tengo que llorar, tengo que llorar. Entonces ellas se marcharon. Como a no me diera tiempo de efectuar mi remedio, me enfadé y cerré la puerta olvidándome de que la llave estaba por fuera y… me quedé encerrada.

Sara y Rebeca me buscaban por todas partes, pero cuando comenzaron los fuegos… me asusté y volví a llorar y con mis llantos supieron donde estaba .

Me llevaron de nuevo al comedor y desde allí pude contemplar los fuegos de artificio desde la ventana. Cuando me tranquilicé, me llevaron a las fiestas de Santiago Apostol.

CRISTINA GLEZ. ABELEDO.

Cuento: "La gran aventura"

Esta historia sucede en una isla de Gran Bretaña; los personajes, además de mí, se llaman José, Narciso y Santote.
Cuando llegamos a la isla comimos un poco de arroz y pepinos, y después fuimos con la barca a dar un paseo. La isla era preciosa, pero cuando estábamos en mitad del paseo vimos una aleta que parecía la de un tiburón. Cuando llegamos a la orilla, se acercó a nosotros y, al final, fue todo un susto: era nuestro amigo Ángel que viniera a bucear.
Fuimos luego a dar un paseo por la arena; vimos una caja que parecía que estaba rodeada de oro, fuimos corriendo y ¡era oro!
Después decidimos ponerle un protagonista a la historia y un antagonista: el protagonista era José porque fue la idea de él ir a pasear y el antagonista fue Ángel que era como un guía.
José es bajo, fuerte y con gafas, pelo marrón y ojos azules y Ángel es todo lo contrario alto, delgado no tiene gafas, pelo negro y ojos castaños. Son los dos muy valientes y decididos.
Llegamos a nuestro pueblo y les enseñamos el tesoro; después de dos días llegaron a mi casa a entrevistarme, yo les conté todo lo que pasó. Después de un mes hicimos otra excursión, entramos en una cueva oscura miramos y había un tesoro: no había nada, nos fuimos para casa sin nada pero alegres.

Alberto Rielo.

Cuento: "Catástrofe tras catástrofe"

Un día, en un centro comercial, iba Deformado paseando con su chepa en la espalda, su pata a rastras y su ojo virollo.

Mientras subía a la segunda planta, su pantalón se enganchó en la escalera mecánica, cayendo entonces de espaldas encima de su joroba, que se despellejó cachito a cachito.

Deformado dijo:

-¡Yupi ¡yupi ¡ya no tengo joroba ¡qué alegría...!

Contento, Deformado siguió su paseo. Más adelante había unos hombre altos y calvos que estaban arreglando unos cables para conectar una nueva tecnología . Era tan patoso Deformado que, pasando por unas instalaciones, pisó un charco de coca-cola light y, para no caer, se agarró a un cable de electricidad. El corrientazo fue tan fuerte que su pierna se puso a moverse como una loca. Contento, Deformado dijo muy eléctrico:

- ¡Yu yu pi!, ¡mi mi pi pi erna se se mueeeve!.

Orgulloso de lo que había pasado, decidió ir a hacerse una foto y, como era una foto en el Flashazo, un lugar donde el flash era muy fuerte, pues su ojo virollo volvió a su sitio. Feliz al salir de la foto dijo:

- ¡Yupiiiii!, ya nada me puede salir mejor...

Al salir del comercio un coche tuning lo atropelló; como había dicho que nada le podría salir mejor, le salió peor.

Escrito por la magnífica Liseth Tatiana Pico Gelves.